Investigan la muerte del sobrino-nieto de la Reina Sofía tras años de sospecha por el caso 'Putney Pusher'
Nicholas Brandram, banquero y exmilitar británico de 44 años, fue hallado sin vida en su domicilio de Londres. Sus hermanas denuncian la presión policial y mediática que sufrió tras ser detenido como sospechoso del ataque del 'Putney Pusher' en 2017, un caso que siempre negó y por el que nunca fue acusado.
Por Inés Benítez
La muerte de Nicholas Brandram, sobrino-nieto de la Reina Sofía y primo segundo del Rey Felipe VI, ha reabierto el foco sobre el conocido como caso del 'Putney Pusher', una investigación policial que permanecía abierta desde hacía más de nueve años. El banquero y antiguo oficial del Ejército británico fue encontrado sin vida el pasado martes 15 de septiembre en su domicilio de Chiswick, al oeste de Londres, a los 44 años. Brandram había sido detenido meses antes como sospechoso de estar detrás de un ataque ocurrido en 2017, aunque nunca llegó a ser acusado formalmente.
Sus hermanas, Alexia Hicks y Sophie Voelcker, aseguran que la presión derivada de la investigación deterioró gravemente su salud mental y han denunciado públicamente la actuación de la Policía Metropolitana. En una entrevista concedida a BBC Radio 4, ambas han defendido la inocencia de su hermano y han cuestionado que llegara a convertirse en sospechoso. «Hace nueve años y medio, cuando ocurrió el incidente, no había absolutamente nada que vinculara a nuestro hermano con el ataque», han declarado, considerando que la acusación apareció de forma completamente inesperada.
El origen del caso se remonta al 5 de mayo de 2017, cuando una cámara de seguridad grabó cómo un hombre que corría por Putney Bridge empujaba a una mujer de 33 años hacia la calzada justo cuando se aproximaba un autobús. El conductor consiguió esquivarla y la víctima sufrió únicamente heridas leves, pero las imágenes dieron la vuelta al mundo y convirtieron la identidad del corredor en uno de los grandes misterios policiales del Reino Unido. La investigación llegó a analizar a más de medio centenar de personas y, aunque se produjeron varias detenciones, nadie fue acusado. En 2018 las pesquisas se dieron por agotadas, hasta que en abril de 2026 la Policía Metropolitana recibió nueva información que llevó a los investigadores hasta Nicholas Brandram.
El banquero fue detenido dos meses después bajo sospecha de haber causado intencionadamente lesiones graves y también fue interrogado por un asunto relacionado con la posesión de drogas de clase A y B. Posteriormente quedó en libertad mientras continuaba la investigación, ya que no se había podido demostrar que fuera el hombre que aparecía en las imágenes. La familia sostiene que existen diferencias físicas claras entre Nicholas Brandram y el hombre de las grabaciones. La víctima describió al agresor con ojos marrones, mientras que Nicholas tenía los ojos azules. Además, el antiguo militar tenía un tatuaje muy visible en el antebrazo y una pierna atrofiada como consecuencia de una lesión sufrida durante su etapa en el Ejército, características que, según sus hermanas, no se apreciaban en las imágenes del 'Putney Pusher'.
La familia también argumenta que Brandram no tenía relación con Putney, ya que residía en Notting Hill, y asegura disponer de un correo electrónico enviado desde su oficina de Bond Street aproximadamente a la hora en la que se produjo el ataque. Otro de los elementos que consideran clave es una muestra de ADN que Nicholas entregó voluntariamente a la Policía Metropolitana con la intención de que pudiera descartarse su posible implicación. Sin embargo, sus hermanas aseguran que pasaron alrededor de dos meses sin recibir los resultados y que solicitaron en varias ocasiones que el análisis se acelerara. Según su relato, esa espera incrementó todavía más la angustia de Brandram, que no entendía por qué la policía había actuado con rapidez para detenerlo pero no había obtenido con la misma celeridad una prueba que pudiera descartar su participación en el ataque.
La Policía Metropolitana, por su parte, ha defendido que todavía quedaban líneas de investigación y análisis forenses pendientes y que la detención permitió, entre otras actuaciones, incautar y registrar dispositivos electrónicos. La familia también cuestiona la forma en la que se produjo el arresto. Alexia Hicks lo ha descrito como un operativo «hostil» y asegura que Brandram se despertó con numerosos agentes frente a su domicilio, algunos de ellos con chalecos antibalas, mientras había medios de comunicación en las inmediaciones. Aunque la Policía Metropolitana no hizo público oficialmente su nombre, sus hermanas sostienen que la identidad de Nicholas comenzó a circular en redes sociales pocos días después y que aquello provocó una enorme presión. «Leía todo lo que había en internet», han explicado, asegurando que se sentía juzgado públicamente por un delito que siempre negó.
Según sus hermanas, la salud mental de Nicholas Brandram empeoró considerablemente durante los últimos meses y llegó a recibir tratamiento en un centro psiquiátrico antes de su muerte. La familia afirma que había advertido a la policía de su deterioro y acusa a los agentes de haber sido «negligentes» e «imprudentes» con él. La Policía Metropolitana ha expresado sus condolencias a los allegados y ha reconocido la tensión que puede generar una investigación de este tipo, pero mantiene que el caso del 'Putney Pusher' continúa abierto. Brandram murió sin haber sido acusado formalmente por el ataque de 2017 y dejando tras de sí un caso que, nueve años después, todavía sigue sin resolver.
