El calor extremo reduce un 15 % el rendimiento de las cosechas en España
El verano de 2026, marcado por más de 15 días de calor extremo y sequía, ha mermado gravemente los cultivos en España y buena parte de Europa. Castilla y León, la principal región cerealista, pierde un 41,8 % de su producción y los agricultores cifran las pérdidas en 300 millones de euros.
Por Marcos Esteban
El verano de 2026 ha dejado una profunda huella en el campo español. Las temperaturas extremas y la sequía han reducido una media del 15 % el rendimiento de las cosechas, según el último balance del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea. Amplias zonas de España acumularon más de 15 días por encima de lo habitual con termómetros superando los 35 °C durante julio y agosto, una anomalía que también afectó a Francia, Italia, Grecia y Croacia.
El informe europeo, publicado el 28 de septiembre, subraya que las olas de calor aceleraron el desarrollo de las plantas, que atravesaron fases críticas como la floración o el llenado del grano mucho más rápido de lo normal. En algunos puntos, el maíz maduró hasta tres semanas antes de lo previsto. Con menos tiempo y menos agua, los cultivos generaron granos, tubérculos y mazorcas más pequeños y escasos. En las regiones más castigadas, las plantas se secaron antes de tiempo y se produjeron pérdidas importantes de cosecha, con casos de fracaso total.
El sector cerealista ya arrastraba una campaña muy complicada. En junio, ASAJA estimaba una producción nacional de 15,1 millones de toneladas, frente a los más de 22 millones de 2025. La organización atribuía el recorte a dos extremos opuestos: la sequía y las altas temperaturas de la segunda quincena de mayo en el centro y el norte peninsular, cuando el grano aún se estaba llenando, y las borrascas de enero y febrero en el sur, que anegaron miles de hectáreas en Sevilla, Cádiz y Córdoba. Como resultado, Andalucía producirá cerca de 1,23 millones de toneladas de cereal, un 24 % menos que el año anterior.
Castilla y León, primera región cerealista del país, concentra el golpe más severo. La estimación presentada en julio por la Junta apunta a unos 4,9 millones de toneladas de cereal de invierno, un 41,8 % menos que los 8,42 millones de 2025. La caída equivale a unos 3,52 millones de toneladas menos de grano. A ello se suma un menor esfuerzo de siembra: según ASAJA, la superficie regional bajó de 1.883.000 a 1.650.000 hectáreas, un 13 % menos, ante la falta de rentabilidad del cultivo. La recolección comenzó hasta quince días antes de lo habitual.
Las organizaciones agrarias de la región calculan que el cereal valdrá unos 980 millones de euros, frente a unos costes de producción de 1.300 millones, lo que arroja pérdidas de alrededor de 300 millones de euros para los cerealistas. «Trabajando, nos arruinamos», resumió Donaciano Dujo, presidente de ASAJA en Castilla y León. El sector recuerda que el Gobierno aportó 150 millones de euros y reclama a la Junta una cantidad similar en ayudas directas al cereal. Otras comunidades también acusan la campaña: ASAJA estimaba en junio caídas del 61,3 % en Baleares y del 49 % en la Comunidad de Madrid.
El impacto sobre la producción total será aún mayor que el de los rendimientos. En algunas de las zonas más castigadas, los cultivos quedaron tan dañados que cosechar dejó de ser rentable y los agricultores abandonaron los campos. El JRC advierte de que las pérdidas de producción de varios cultivos de verano superarán con claridad el recorte de los rendimientos. Las previsiones de septiembre sitúan los rendimientos de la soja un 15 % por debajo de la media, los del maíz verde un 14 % y los del maíz grano un 8 %. La patata queda un 7 % por debajo y la remolacha azucarera, un 11 %.
La escasez de agua de riego y las restricciones a su uso agravaron el estrés de los cultivos en varias regiones europeas. El boletín de agosto del JRC señaló como áreas más críticas Francia, el sur de Alemania, el norte y el centro de Italia, Austria, Chequia, Eslovaquia, Hungría y el oeste de Rumanía. En Benelux, Eslovenia y Croacia el impacto fue moderado, con recortes sobre todo en el maíz, especialmente donde no había riego. Otras zonas quedaron en alerta por la falta de humedad en el suelo, como el sur de Irlanda, el norte de Alemania y Dinamarca.
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