La UE negocia el presupuesto 2028-2034 entre tensiones por defensa y deuda común
La presidencia irlandesa del Consejo de la UE insta a los socios a cerrar un acuerdo antes de que acabe el año mientras los países frugales y los amigos de la cohesión chocan por el gasto en defensa y la emisión de deuda conjunta.
Por Elena Lozano
La Unión Europea ha acelerado la negociación del próximo Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034, un proceso que ha reabierto las fracturas históricas entre los Estados miembros. La presidencia irlandesa del Consejo, que arbitra las conversaciones, ha advertido a los socios de que deben alcanzar un acuerdo antes de que finalice el año para evitar retrasos en la tramitación con el Parlamento Europeo. La propuesta inicial de Bruselas, que asciende a 1,816 billones de euros, no ha sido bien recibida por casi ningún gobierno.
El borrador de la Comisión distribuye los fondos en cinco áreas clave. Los fondos regionales concentran la mayor partida con 865.000 millones de euros, seguidos por 410.000 millones destinados a competitividad, que incluye defensa. La política exterior cuenta con 200.000 millones, otros gastos suman 292.000 millones y el programa Erasmus recibe 49.000 millones. En total, el presupuesto representa un 1,26% de la renta nacional bruta de la UE. Bruselas defiende que estas cuentas son «más simples» que las anteriores y centralizan varias partidas, pero los gobiernos nacionales y regionales ya han expresado dudas sobre la gestión real de los fondos.
El gasto en defensa se ha convertido en el principal punto de fricción. Dentro de la partida de 410.000 millones para competitividad, unos 131.000 millones irán a defensa y espacio, casi un 32% de ese pilar. Esta prioridad ha provocado la reacción de los países conocidos como frugales —Alemania, Austria, Dinamarca, Suecia, Países Bajos y Finlandia—, que esta semana han enviado una carta al Gobierno irlandés en la que advierten de una «asimetría fundamental» en la negociación. Los seis firmantes financian casi el 40% de las contribuciones totales y, aunque los contribuyentes netos son minoría, asumen alrededor de tres cuartas partes de la carga financiera. «Se trata de prioridades políticas y de si somos capaces de alcanzar el objetivo que nos hemos fijado conjuntamente: una Europa fuerte y soberana en un mundo incierto», señalan en la misiva, en la que piden una «reforma en profundidad» del MFP.
La carta llega en un contexto de aumento de los costes de financiación pública, inflación al alza o estancada y crecimiento lento en gran parte del continente, además de preocupación por el incremento de los déficits presupuestarios en varios países. Para algunas fuentes diplomáticas, estos mensajes suponen un «dejavú» de la crisis de 2008, una retórica que se creía superada desde la pandemia. El canciller alemán, Friedrich Merz, ya había marcado esa línea meses atrás al afirmar que «Europa tiene que arreglárselas».
En el lado opuesto se sitúan los llamados «amigos de la cohesión», un grupo heterogéneo en el que participa España junto a Italia. Estos Estados reclaman un presupuesto más expansivo, con nuevos recursos propios —como impuestos digitales— y prioridades como la transición energética. La primera ministra italiana, Giorgia Meloni, lleva meses pidiendo «más ambición» para las nuevas cuentas. La gran propuesta de España pasa por la emisión de más deuda común, siguiendo el formato estrenado durante la pandemia de covid-19. El Gobierno español ha planteado la creación de un nuevo instrumento europeo que permita emitir deuda conjunta de hasta 850.000 millones de euros anuales para reducir los costes de financiación de los Estados participantes y fortalecer el papel del euro. El vicepresidente Carlos Cuerpo ha defendido que la iniciativa «busca aprovechar una mayor capacidad de financiación común para mejorar las condiciones de acceso al crédito de los países de la eurozona».
Sin embargo, la propuesta ha recibido rápidos rechazos. La ministra de Finanzas de Finlandia, Riikka Purra, fue tajante: «No a más deuda común, no a un mayor nivel de deuda común europea. No es una solución y no es la opción para Finlandia». En Bruselas, fuentes comunitarias insisten en que ese debate no es prioritario ni será central en la negociación del nuevo presupuesto. Cuerpo ha repetido que «merece la pena» explorar la opción, pero desde las instituciones se considera una idea demasiado maximalista en un contexto de fuertes tensiones. Fuentes de la Comisión y del Parlamento Europeo advierten de que el tiempo juega en contra de una negociación que aún debe superar profundas divisiones entre los Veintisiete.
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