La presión económica empuja a los jóvenes marroquíes a emigrar
El 55% de los jóvenes marroquíes de entre 18 y 29 años considera migrar, según el barómetro árabe de 2024. La brecha salarial con España y una economía que no absorbe a su población explican una pulsión migratoria que se mantiene pese al endurecimiento de fronteras.
Por Elena Lozano
El 35% de la población marroquí ha considerado migrar, una cifra que se dispara hasta el 55% entre los jóvenes de 18 a 29 años, según los datos del barómetro árabe correspondiente a 2024. La entrada irregular de decenas de miles de personas en Ceuta ha vuelto a situar los movimientos migratorios en el centro del debate público, aunque la discusión se ha desplazado rápidamente hacia la responsabilidad de las autoridades y la gestión de la crisis humanitaria, dejando de lado la pregunta estructural: ¿por qué tanta gente trata continuamente de irse de Marruecos para acceder a España y a la Unión Europea?
Los datos de Frontex correspondientes a los primeros cinco meses de 2026 indican que el 30% de las entradas registradas procedía de Argelia y el 20% de Marruecos, mientras que el resto llegaba desde países subsaharianos. Estas cifras varían cada año en función de las tres rutas principales hacia España, pero lo que no cambia, incluso cuando se endurecen y militarizan las fronteras, es la pulsión por alcanzar territorio europeo. La explicación de fondo es económica: la enorme diferencia de nivel de desarrollo y, dentro de ella, el diferencial de ingresos y oportunidades laborales constituyen el principal telón de fondo de estos movimientos.
Si se toma el PIB por habitante como indicador del nivel de vida, Marruecos tiene el que España registraba en 1967, mientras que Senegal y Gambia se sitúan donde estaba España en 1938 y 1871, respectivamente. Los migrantes no se fijan tanto en el PIB por habitante como en el diferencial salarial, pero ante la falta de indicadores salariales fiables para la mayoría de los países de origen, la contabilidad nacional permite aproximarse a un salario medio a través de la renta por ocupado. Con esos datos, la diferencia sigue siendo considerable y solo Marruecos parece haber convergido ligeramente en los últimos años con el nivel de referencia de España, que aparece básicamente estancado para todo el período 1999-2019.
España tiene un PIB por habitante cinco veces mayor que el de Marruecos, pero su producto por ocupado es solo 3,8 veces mayor. La diferencia radica en cuánta gente trabaja: en Marruecos tiene empleo el 31,6% de la población total, frente al 42,5% en España, de modo que cada trabajador marroquí sostiene a bastantes más personas. Incluso aunque el trabajo marroquí fuese igual de productivo que el español, su producto tendría que repartirse entre más gente y conduciría a una renta por habitante inferior. La brecha entre lo que se cobra vuelve a abrirse hasta cuatro veces y media porque en Marruecos la parte del producto que acaba en manos de quien trabaja es más pequeña: 48 de cada 100 unidades de valor añadido, frente a 56 en España. El trabajador marroquí no solo produce menos que el español, sino que además se queda con una porción menor de lo que produce.
Un análisis convencional de la tasa de desempleo marroquí, que oscila entre el 9% según el Banco Mundial y el 13% según el HCP, el instituto de estadística marroquí, podría llevar a concluir que la economía del país no deja a mucha gente fuera. Esa conclusión sería equivocada. Lo que ocurre es que existe un enorme «ejército de reserva» que no recogen las estadísticas convencionales. La Organización Internacional del Trabajo permite aproximarse a esa conceptualización y analizar la estructura del mercado laboral marroquí, donde el 40% de la población se encuentra en situaciones de vulnerabilidad que presionan los salarios a la baja y alimentan la búsqueda de nuevos horizontes a pocos kilómetros, en España.
Marruecos recibe así dos rentas distintas de la misma población sobrante: las remesas que envían sus emigrantes y lo que percibe de los países ricos por mantener al «ejército de reserva» en el país. La contención migratoria se ha convertido en una suerte de exportación a precio de mercado, ya que cuando hay pánico en Europa sube el precio que cobran países como Marruecos. Paradójicamente, Marruecos cobra por tener emigración y por frenarla, mientras la brecha económica con España sigue siendo el motor principal de una pulsión migratoria que no se detiene.
