Una fuente en Biskek describe el temor de Putin antes de volar tras la advertencia de Zelenski
Un testigo que observó la salida del presidente ruso dice que la atmósfera reflejaba un miedo poco habitual antes del vuelo a Vladivostok, después de que Ucrania advirtiera de más drones sobre Rusia.
Por Iván Serrano
La guerra de drones que ha alterado aeropuertos y rutas dentro de Rusia pudo adquirir una dimensión mucho más personal para Vladimir Putin durante las últimas horas de su visita a Biskek. Una fuente confidencial que observó los acontecimientos relacionados con la salida del presidente ruso afirma que Putin parecía seriamente preocupado por el vuelo que debía llevarlo a Vladivostok.
El testigo interpreta esa preocupación como miedo. Su testimonio tiene límites claros: no formaba parte del Servicio Federal de Protección ruso, no conocía el contenido de las conversaciones privadas entre Putin y sus agentes de seguridad y no escuchó al presidente decir que temiera subir al avión. Lo que describe es el ambiente visible en torno a la partida y un comportamiento que, a su juicio, no correspondía a un traslado rutinario.
La secuencia comenzó la noche del 1 de septiembre. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, lanzó un mensaje a las aerolíneas, compañías de seguros y gobiernos que continúan utilizando el espacio aéreo ruso. Recalcó que Ucrania no pretende atacar aviones civiles, pero advirtió de que habrá más drones ucranianos sobre Rusia y que la etapa de vuelos considerados seguros está llegando a su fin.
En ese mismo discurso Zelenski mencionó Vladivostok. Según explicó, otra potencia mundial había pedido previamente a Ucrania que suspendiera durante un periodo concreto los ataques en dirección a esa ciudad, y Kyiv aceptó la petición. La referencia coincidía con el itinerario de Putin: las informaciones publicadas antes del final de la cumbre señalaban que, tras su rueda de prensa en Biskek, debía volar directamente a Vladivostok para continuar su agenda en el Lejano Oriente y participar en actividades vinculadas al Foro Económico Oriental.
Putin conoció la advertencia antes de abandonar Kirguistán. Durante su rueda de prensa nocturna, un periodista le trasladó las palabras de Zelenski. El presidente ruso respondió que una declaración de ese tipo podía interpretarse como una apuesta por el terrorismo de Estado y dijo que Moscú encontraría una forma de responder si se producían tragedias. Reuters informó además de que Putin admitió daños reales causados por ataques ucranianos dentro de Rusia y señaló los drones como un desafío especial.
El cambio que han provocado esos aparatos ya se aprecia en la aviación rusa. En agosto, durante uno de los mayores ataques contra la región de Moscú, las autoridades impusieron restricciones temporales a los vuelos en aeropuertos de la capital. No es necesario que un dron ataque directamente una aeronave para alterar la operación: su detección puede obligar a cerrar temporalmente zonas del espacio aéreo, retrasar salidas o modificar rutas.
La seguridad de los desplazamientos de Putin también está diseñada para reducir la posibilidad de seguimiento. Gleb Karakulov, antiguo empleado del Servicio Federal de Protección, explicó al Dossier Center que el tren presidencial resulta más discreto que un avión porque es mucho más difícil seguir su movimiento mediante servicios abiertos. Su relato no demuestra qué ocurrió en Biskek, pero muestra cómo la necesidad de ocultar rutas se ha convertido en una parte estructural de la protección del presidente ruso.
La fuente no sabe si el equipo de seguridad pidió medidas adicionales, valoró otra ruta o discutió la posibilidad de retrasar el vuelo. Tampoco hay pruebas públicas de que Putin quisiera cancelar el viaje. El canal oficial en inglés del Kremlin informó posteriormente de que el presidente salió de Biskek y fue despedido en el aeropuerto internacional de Manas por el presidente kirguís Sadyr Japarov.
Lo que sí cambió esa noche fue la relación entre la amenaza y la persona que debía gestionarla. Zelenski había advertido de más drones sobre Rusia y había mencionado específicamente la dirección de Vladivostok. Putin reaccionó antes de despegar y reconoció que los drones son un problema real. Después tuvo que entrar personalmente en el espacio aéreo que acababa de convertirse en el centro de la disputa.
La impresión de miedo pertenece al testigo de Biskek y no puede convertirse en una certeza sobre el estado emocional de Putin. Pero el contexto muestra una transformación mayor: la guerra que durante años podía administrarse desde despachos protegidos afecta cada vez más a la movilidad, los itinerarios y las decisiones de seguridad del propio presidente ruso.
